sábado, 12 de septiembre de 2015

¿Epidural? No, gracias.



Durante el embarazo estuve leyendo mucho sobre la epidural, aunque tenía muy claro que no quería saber nada de ella, ni en pintura, pero para reforzar más aún mi idea, allá que me puse a leer y releer. 

Yo quería un parto lo más natural posible, aunque sabía que en los hospitales no lo ponen fácil, y mi realidad al final fue bien distinta, pero digamos que hasta los 7 cm no pude tener más libertad, ya que no estaba ni en paritorio y me movía libremente aguantando los dolores (horrorosos) de las contracciones, al final acabé en cesárea de urgencia, pero eso da para otro capítulo. 

¿Por qué le tenía tanto miedo a la epidural? Pues básicamente, porque ralentiza el parto y suelen acabar con fórceps o ventosas (y no lo veo muy agradable), y sin ella la cosa va bien rapidita yo dilate de 1,5 cm a 7cm en 5 horas aproximadamente.

Otra cosa que no me hacía mucha gracia era la punción ya que se realiza entre dos vértebras lumbares, normalmente entre la segunda y la tercera o entre la tercera y la cuarta.

A mí me pesaban más los inconvenientes que las ventajas (bajada rápida de tensión, lo que afectaría al feto, ya que dejaría de llegar sangre a la placenta), y efectos secundarios como por ejemplo dolores en la zona debido a que la aguja atraviesa varias capas de músculo y dolores de espalda.

¿Repetiría sin epidural? Posiblemente. Las contracciones son un dolor que no se puede comparar, duelen muchísimo, pero pueden soportarse y te conectan con el hijo que llevas dentro en un “trance extraño”, a mí se me paso el tiempo volando, es algo raro, que quizás con epidural no lo vives de la misma manera.

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